La herramienta, validada por Senadis y considerada pionera entre universidades, entrega orientaciones para acompañar situaciones que pueden afectar a estudiantes autistas y toda la comunidad universitaria.
La Universidad Católica de Temuco presentó su Protocolo de Desregulación Emocional, una herramienta institucional que entrega criterios de actuación ante situaciones de crisis que pueden ocurrir en salas de clases, tutorías, entrevistas, espacios de atención o distintas instancias de la vida universitaria.
El documento fue impulsado por el Centro de Recursos Tecnológicos Inclusivos, CERETI, con el objetivo de orientar a docentes, profesionales y equipos de apoyo frente a episodios que requieren una respuesta clara, respetuosa y ajustada a cada contexto.
Claudia Orrego Lepe, directora general de Inclusión y Acompañamiento de la UCT, contar con este tipo de instrumentos responde a una necesidad concreta de la comunidad universitaria, y explicó que “la universidad desde su normativa y política interna, entiende su labor desde la inclusión. Por eso, contar con protocolos de actuación frente a situaciones complejas o diversas constituye un hito significativo y una acción concreta para avanzar hacia una cultura inclusiva”.
Orrego agregó que la diversidad ya forma parte de la vida universitaria y exige mecanismos para favorecer la permanencia estudiantil, ámbito donde la UCT ha avanzado mediante unidades especializadas, equipos de acompañamiento y formación docente. “No basta con permitir el ingreso; también debemos contar con ajustes, personas formadas y espacios adecuados”, precisó.
Una herramienta construida desde la experiencia
Marcela Cisternas, directora del CERETI, explicó que el protocolo comenzó a elaborarse en 2023, antes de las orientaciones ministeriales sobre la materia, a partir de una pregunta concreta frente a episodios de desregulación emocional: cómo actuar y quién debía intervenir.
“Veíamos que las y los estudiantes podían presentar desregulaciones y surgía una pregunta muy concreta: qué hacemos. Por eso iniciamos una revisión bibliográfica, observamos experiencias de otros países y ámbitos, y construimos una primera versión del protocolo”, detalló.
Aunque la desregulación emocional puede afectar a cualquier persona, el protocolo considera especialmente las experiencias del estudiantado autista y los lineamientos asociados a la normativa vigente.
Cisternas precisó que la construcción del protocolo incorporó la mirada de profesionales autistas, estudiantes autistas y distintas unidades de la universidad. “Haber incorporado profesionales autistas, recoger experiencias de estudiantes autistas y desarrollar este trabajo entre distintas unidades ha sido muy significativo. Que el Servicio Nacional de Discapacidad, a través de su nivel central, haya validado nuestro protocolo también resulta bastante inédito en instrumentos de este tipo”.
El documento ya está disponible en la página web del CERETI y contará con materiales de difusión y capacitaciones diferenciadas, según las funciones de cada equipo y los espacios donde pueda presentarse una situación de desregulación.
Validación de Senadis
Desde el Servicio Nacional de Discapacidad, Rodrigo Morales Gómez, profesional de la Dirección Regional, valoró el trabajo desarrollado por la UCT y explicó que el organismo apoyó esta línea mediante un proyecto financiado en 2024. “Nuestro servicio validó este protocolo en función del marco de la Ley 21.545 y mediante las áreas técnicas del nivel central. Vemos esta iniciativa como pionera respecto de otras universidades y esperamos que pueda abrir camino para acciones similares en otras instituciones”, puntualizó.
Morales agregó que este tipo de medidas forma parte de una tarea más amplia vinculada a la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad. “El propósito de Senadis es propiciar un marco de igualdad de oportunidades, independiente del tipo de discapacidad. Para eso, resulta necesario avanzar en acciones y ajustes razonables que respondan a cada realidad”, concluyó.
Tras su presentación, el protocolo inicia una etapa de difusión y formación interna, con foco en que las unidades académicas y administrativas conozcan cómo actuar, cuándo solicitar apoyo especializado y qué medidas pueden favorecer un acompañamiento adecuado. La proyección institucional es que esta herramienta oriente decisiones concretas en la vida diaria de la comunidad universitaria.