La actividad reunió a académicos, estudiantes e investigadores invitados para revisar la trayectoria de la botánica y abordar estudios actuales sobre flora regional, biodiversidad y conservación.
La Universidad Católica de Temuco fue escenario del Primer Seminario de Botánica “La botánica se vive en la UCT: 53 años de historia”, encuentro desarrollado en el Campus San Juan Pablo II y organizado por el Departamento de Ciencias Ambientales y el Departamento de Ciencias Biológicas y Químicas de la Facultad de Recursos Naturales.
La actividad nació con un propósito claro: generar un espacio de encuentro entre la academia y la comunidad para relevar más de cinco décadas de enseñanza, investigación y formación botánica en la universidad, visibilizando tanto el legado de sus académicos fundadores como el trabajo de nuevas generaciones de investigadores.
El seminario consideró una reseña histórica de la botánica en la UCT, exposiciones de académicos de la Facultad de Recursos Naturales e invitados externos, además de una plenaria moderada por Jonathan Urrutia Estrada. Entre los expositores estuvieron Sebastián Teillier Arredondo, Marco González Arratia, Jimmy Pincheira Ulbrich y David Alors Rodríguez, quienes abordaron distintas miradas sobre el conocimiento vegetal, la flora regional y los desafíos actuales de conservación.
Una disciplina que se construye entre generaciones
Para el decano de la Facultad de Recursos Naturales, Miguel Escalona, el seminario representa mucho más que una actividad académica: es una forma de mirar la trayectoria de la universidad a través de una disciplina que ha acompañado su desarrollo desde hace más de medio siglo.
“Este seminario refleja de alguna manera la trayectoria que nuestra universidad ha tenido en el cultivo de las distintas disciplinas, y en este caso tiene que ver con la botánica”, señaló Escalona, destacando el trabajo de profesores que fueron mentores de distintas generaciones y que permitieron consolidar una línea de formación e investigación en esta área.
El decano subrayó que la botánica ha sido parte importante de la historia de la Facultad de Recursos Naturales, especialmente por su capacidad de formar profesionales con herramientas científicas para comprender el entorno natural. En ese sentido, valoró que estudiantes y académicos continúen vinculándose con el estudio de las plantas y sus aplicaciones en contextos territoriales concretos.
“La ciencia precisamente implica eso: se construye sobre algo que otros construyeron, se refuta, se plantean nuevas hipótesis. Y creo que en la medida que los estudiantes tienen una sólida formación en ciencia, nuestra universidad cumple su rol, que es formar profesionales de manera íntegra”, agregó.
De los fundadores a las nuevas preguntas sobre la flora regional
El académico Mario Romero explicó que esta primera versión del seminario surgió a partir de la inquietud de los propios equipos académicos por compartir con la comunidad interna y externa el trabajo desarrollado durante más de 50 años.
“Es el primer seminario que se realiza en nuestra universidad en torno a esta ciencia noble, la botánica. Nace a partir de la inquietud de los colegas de poder mostrar a la comunidad interna y externa lo que hemos trabajado durante más de 50 años, desde los inicios de los botánicos fundadores hasta la fecha”, indicó.
El programa también abrió espacio para temas de alta relevancia territorial, como la botánica en las veranadas de la cordillera de Los Andes, la recuperación de plantas con problemas de conservación y la importancia de la flora liquénica. Para Romero, estos temas muestran cómo las nuevas tendencias de estudio obligan a mantener una mirada atenta frente a las demandas de la sociedad y del territorio.
Un libro para nombrar y comprender las plantas de La Araucanía
Uno de los invitados principales fue Sebastián Teillier Arredondo, investigador botánico de reconocida trayectoria nacional e internacional, quien compartió avances de una investigación que desarrolla junto a Mario Romero y Jonathan Urrutia sobre la flora silvestre de la Región de La Araucanía.
Teillier explicó que el equipo lleva varios años trabajando en este estudio, cuyo objetivo es avanzar hacia una publicación dedicada a la flora regional. La investigación busca reunir información sobre plantas nativas y especies exóticas que se han vuelto silvestres, dejando fuera las plantas cultivadas debido a la amplitud que significaría abordar ese universo.
“Estamos haciendo una investigación sobre la flora silvestre. Eso incluye tanto las plantas nativas como las exóticas que se han vuelto silvestres. No las cultivadas, porque si no es un mundo infinito”, explicó.
Otro de los aspectos relevantes del futuro libro será la incorporación de información sobre especies con algún grado de amenaza, junto con herramientas que permitan identificar plantas de manera más accesible. Según el investigador, una de las necesidades actuales es contar con materiales que ayuden a estudiantes, profesionales y personas interesadas en la botánica a poner nombre a las especies que observan en terreno.
“Hay mucha gente que está haciendo trabajo relacionado con botánica, gente que ha llegado a la botánica por pega o por amor, pero que necesita tener manuales para poder ponerle nombre a las plantas. En Chile eso es bastante complejo, porque hay una literatura súper dispersa. Lo que estamos haciendo nosotros es tratar de poner todo en un solo libro”, señaló.
Conocimiento vegetal para mirar mejor el territorio
El Primer Seminario de Botánica permitió reunir historia, investigación y divulgación en torno a una disciplina que, lejos de quedar encerrada en herbarios o laboratorios, se conecta directamente con los territorios, sus ecosistemas y sus desafíos ambientales.
Durante la jornada, la botánica apareció como una ciencia que ayuda a leer el paisaje con mayor precisión: entender qué especies habitan La Araucanía, cuáles están amenazadas, cómo se relacionan con sus ambientes y por qué es necesario formar nuevas generaciones capaces de estudiarlas, describirlas y protegerlas.
A 53 años del inicio de esta trayectoria en la UCT, el seminario dejó una imagen clara: la botánica sigue viva cuando se enseña, se investiga y se comparte. También cuando permite que una planta deje de ser solo parte del paisaje y empiece a tener nombre, historia y lugar en la memoria científica de una región.