La actividad reunió miradas nacionales e internacionales para reflexionar sobre nuevas formas de producir conocimiento desde el arte, las ciencias sociales, los territorios y las comunidades.
A través de una jornada virtual, la Universidad Católica de Temuco desarrolló el seminario internacional “Investigar, experimentar, ensayar: Metodologías indisciplinadas ante la crisis climática”, una instancia que convocó a académicas, artistas e investigadoras para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta la producción de conocimiento en un escenario marcado por la emergencia climática, los conflictos territoriales y la necesidad de repensar los marcos tradicionales de investigación.
La actividad fue impulsada desde el Departamento de Artes de la UCT y se articuló en torno a tres ejes principales: pensar y actuar frente a la coyuntura política actual; compartir prácticas metodológicas alejadas de la lógica disciplinar tradicional; y abrir un espacio de diálogo basado en la curiosidad, las preguntas mutuas y la experimentación.
Para Consuelo Biskupovic, académica del Departamento de Antropología de la Universidad Católica de Temuco e investigadora del Núcleo Milenio CITEC, la crisis climática exige abrir conversaciones que superen los límites convencionales de las disciplinas.
“Vivimos una crisis climática que desborda los marcos disciplinares con los que fuimos formadas y formados. Las preguntas más urgentes del presente, como la forma en que habitamos el territorio, cómo producimos conocimiento con y desde las comunidades, o cómo respondemos institucionalmente a lo que nos afecta, no caben en una sola disciplina”, señaló.
En esa línea, la investigadora explicó que el seminario partió desde una convicción central: indisciplinarse no significa abandonar el rigor, sino recuperar capacidades que muchas veces quedan fuera de los formatos académicos más tradicionales, como el asombro, la escucha y la apertura a otras formas de hacer.
Durante la jornada, una de las preguntas que atravesó la conversación fue para quién se produce conocimiento y desde qué lugar se realiza esa tarea. Desde esa perspectiva, las y los participantes coincidieron en que investigar no implica solo observar una realidad desde afuera, sino también asumir una responsabilidad ética y política frente a los territorios y comunidades involucradas.
“No se trata sólo de analizar la crisis climática desde fuera, sino de asumir que investigar es también un acto político. Nos preguntamos cómo evitar que nuestras metodologías sean una postura estética sin consecuencias reales, y cómo sostener un compromiso con los territorios y comunidades que acompañamos más allá del proyecto de investigación”, agregó Biskupovic.
El seminario contó con la participación de trayectorias diversas, entre ellas la artista y curadora chilena Maya Errázuriz, quien trabaja desde los bosques de La Araucanía; la socióloga argentina Gabriela Merlinsky, dedicada al estudio de conflictos ambientales y prácticas artísticas; y el artista español Gabriel Alonso, cuyo trabajo aborda la posnaturaleza y la ficción climática.
Uno de los aportes centrales de la jornada fue la posibilidad de comprender las prácticas metodológicas como formas de resistencia creativa. En ese marco, Gabriel Alonso abordó la ficción climática como una herramienta epistemológica capaz de interrumpir los marcos que limitan la imaginación de otros mundos posibles. Gabriela Merlinsky, en tanto, compartió experiencias donde las prácticas artísticas no solo representan los conflictos ambientales, sino que también los hacen visibles, discutibles y políticamente relevantes.
Por su parte, Maya Errázuriz presentó una reflexión en torno a los bosques y a aquellos árboles torcidos que el extractivismo declaró inservibles, pero que, precisamente por esa condición, lograron sobrevivir. Una imagen que durante el encuentro fue leída como una metáfora sobre la posibilidad de resistir desde los márgenes.
La jornada también dejó herramientas metodológicas concretas. Entre ellas, Biskupovic destacó la propuesta de Gabriela Merlinsky, quien planteó cuatro verbos para investigar en territorios en conflicto: curar, cartografiar, caminar y peregrinar. Estas acciones fueron comprendidas como formas de acompañar procesos sin despojarlos de su sentido original, mapear los vínculos afectivos con los territorios, dejarse interpelar por las comunidades y trasladar palabras, experiencias y saberes entre lugares muchas veces aislados.
Otro de los aprendizajes relevantes estuvo vinculado al estatuto de la evidencia. A partir de ejemplos como Forensic Architecture, se discutió cómo las investigaciones visuales pueden intervenir en tribunales y organizaciones de derechos humanos, ampliando la comprensión de aquello que puede ser considerado evidencia.
“El arte expande las condiciones de verificabilidad: lo que se siente, se huele, se ve en un territorio puede constituir evidencia. Esa idea abre preguntas directas para quienes trabajamos con comunidades que perciben contaminación que las instituciones no siempre registran”, explicó Biskupovic.
Asimismo, el encuentro abrió una reflexión sobre el lugar del cuerpo en la investigación y sobre cómo incorporar en la escritura académica aquello que se siente, se camina y se experimenta. La autoetnografía apareció como una posibilidad, pero también como un desafío frente a una institucionalidad universitaria que muchas veces privilegia formatos más austeros y disciplinarios.
Más que entregar conclusiones cerradas, el seminario dejó abiertas preguntas sobre la relación entre conocimiento, territorio, arte y crisis climática. Entre ellas, una especialmente significativa: si todo debe ser traducido a conocimiento humano o si también es necesario aprender a cuidar el misterio.