Especialistas en filosofía de la mente, neurociencia, fenomenología y ciencias cognitivas analizaron cómo investigar la experiencia consciente sin separarla del cuerpo, las emociones y la relación con el entorno. El coloquio convocó a estudiantes de distintas carreras en el Campus San Francisco.
Sentir una emoción, recordar una experiencia o percibir el propio cuerpo parecen acciones cotidianas. Sin embargo, explicar cómo surgen y de qué manera pueden investigarse constituye uno de los problemas más complejos de la filosofía y otras ciencias.
Esta interrogante surgió en el Coloquio Interdisciplinario “Ciencia y Filosofía de la Conciencia”, desarrollado en la UCT. La actividad reunió a especialistas provenientes de distintas áreas para analizar cómo estudiar rigurosamente la experiencia subjetiva sin reducirla únicamente a procesos cerebrales ni renunciar a la evidencia científica.
La jornada, organizada por el Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosofía, contó con una alta participación de estudiantes de distintas carreras. Las preguntas realizadas durante el conversatorio final ampliaron la discusión hacia temas como las emociones, la empatía, las prácticas corporales, la inteligencia artificial y la relación entre mente y cuerpo.
El encuentro contempló las exposiciones de Ignacio Cea Jacques, Alejandra Vásquez-Rosati, Alejandro Troncoso y Camilo M. Signorelli, quienes abordaron la conciencia desde perspectivas filosóficas, neurofenomenológicas y transdisciplinarias.
La conciencia permite que exista una experiencia para alguien: que una persona sienta, atienda, recuerde, imagine y se reconozca a sí misma en relación con el mundo. La dificultad radica en que esta experiencia no puede observarse de la misma manera que un objeto externo.
Ignacio Cea Jacques, director del Departamento de Filosofía de la UCT, abrió la jornada con una exposición sobre los aspectos filosóficos involucrados en el estudio científico de la conciencia.
El académico planteó la necesidad de revisar los conceptos y supuestos que orientan este campo de investigación. Preguntas como qué se entiende por mente, subjetividad, cuerpo o experiencia no constituyen asuntos secundarios, pues determinan los métodos que se utilizan y el tipo de explicaciones que la ciencia puede construir.
Cea es doctor en Filosofía por la Universidad Alberto Hurtado y su investigación se desarrolla en la intersección entre filosofía de la mente, ciencia de la conciencia, ciencia afectiva e inteligencia artificial. Su presentación situó el marco general del coloquio: investigar la conciencia requiere evidencia empírica, pero también claridad conceptual sobre aquello que se intenta explicar.
Una de las aproximaciones analizadas durante el encuentro fue la microfenomenología, metodología que busca reconstruir con detalle cómo se desarrolla una experiencia desde el punto de vista de quien la vive.
Alejandra Vásquez-Rosati abordó esta perspectiva mediante el estudio de momentos de toma de conciencia en prácticas corporales. Su exposición mostró que la experiencia consciente no ocurre separada del cuerpo, sino que se relaciona con movimientos, sensaciones, emociones y cambios en la atención.
La investigadora es doctora en Psicología por la Pontificia Universidad Católica de Chile, licenciada en Ciencias Biológicas y magíster en Ciencias Biomédicas con mención en Neurociencias. Su trabajo integra mediciones fisiológicas con reportes de la experiencia en primera persona para estudiar las emociones y su vínculo con la atención y la salud mental.
Esta combinación permite observar qué sucede en el organismo y, al mismo tiempo, conocer cómo la persona describe aquello que está viviendo. De esta manera, la experiencia subjetiva deja de ser tratada como un dato inaccesible y pasa a formar parte del proceso de investigación.
El vínculo entre corporalidad, entorno y experiencia fue profundizado por Alejandro Troncoso, doctor en Neurociencia Social y Cognitiva y académico de la Universidad San Sebastián, sede Valdivia.
Desde una perspectiva neurofenomenológica inspirada en el trabajo del científico chileno Francisco Varela, Troncoso abordó la conciencia como una relación dinámica entre el cuerpo y el mundo, más que como un fenómeno encerrado exclusivamente en el cerebro.
Su investigación estudia las interacciones empáticas mediante la integración de datos fisiológicos y relatos en primera persona. También analiza cómo diferentes prácticas contemplativas pueden modificar la atención, la percepción corporal y la manera en que las personas se relacionan con otras.
Esta aproximación propone que el cuerpo no funciona únicamente como soporte biológico de la mente. La postura, el movimiento, la respiración y las formas de atención participan activamente en la configuración de la experiencia consciente.
El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Camilo M. Signorelli, científico y filósofo chileno asociado al Center for Philosophy of AI de la Universidad de Copenhague.
Signorelli planteó que la conciencia no puede comprenderse completamente desde una sola disciplina. Su estudio exige conectar conocimientos provenientes de la filosofía, la neurociencia, las ciencias cognitivas, la inteligencia artificial, la fenomenología y la sociología, entre otras áreas.
El investigador cuenta con una trayectoria que integra ciencias de la computación, ciencias cognitivas, biomedicina, neurociencia, física y filosofía. Desde esa formación multidisciplinaria, propuso avanzar hacia una ciencia transdisciplinaria de la conciencia.
Esta idea no consiste solo en sumar especialistas alrededor de un mismo problema. También supone construir conceptos, métodos y preguntas compartidas, capaces de relacionar la evidencia cerebral y fisiológica con la experiencia subjetiva, el contexto social y los modelos mediante los cuales las personas interpretan la realidad.
La discusión continuó en un conversatorio abierto con el público. Estudiantes de diferentes carreras formularon preguntas a los especialistas y vincularon las exposiciones con inquietudes relacionadas con la empatía, la salud mental, las tecnologías y la experiencia cotidiana. El coloquio mostró que comprender la conciencia exige algo más que observar la actividad cerebral. También requiere estudiar cómo las personas sienten, habitan sus cuerpos, se relacionan con el entorno y construyen sentido a partir de sus experiencias.