Vinculación con el Medio ver más
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Frente a la crisis hídrica que afecta a la región de La Araucanía, un equipo de investigación de la Universidad Católica de Temuco, encabezado por la Dra. Patricia Oliveira Martins, en colaboración con investigadores de la Universidad del Bío-Bío, trabaja en el desarrollo de un sistema de filtración de aguas grises basado en membranas fabricadas con nanocelulosa. La iniciativa, financiada por el Fondo de Investigación y Desarrollo en Salud (FONIS 2025) de la ANID, busca transformar el agua residual doméstica en un recurso reutilizable de manera segura para riego agrícola y otros usos no potables.
“Estamos tratando de transformar un residuo doméstico, principalmente el agua del lavaplatos, en un recurso que pueda ser reutilizado de manera segura. No estamos prometiendo agua potable, pero sí mejorar su calidad para que pueda reutilizarse en riego o limpieza”, explica la Dra. Oliveira. El proyecto responde a una problemática concreta: en muchos sectores rurales, el agua se usa una sola vez y se pierde, sin que existan soluciones accesibles para tratarla.
El piloto del proyecto tendrá su base en la comunidad mapuche Kiñel Mapu Truf Truf de Padre Las Casas, vínculo que surge desde lazos previos construidos a través del trabajo del Dr. Gabriel Pozo, académico UCT con trayectoria en interculturalidad y territorio. Desde el inicio, el equipo tuvo claro que el proyecto debía construirse con la comunidad y no imponerse sobre ella. Esa premisa ha influido en decisiones concretas de diseño, como la elección del agua del lavaplatos como punto de intervención y en la forma en que se piensa la implementación del sistema, considerando los usos, tiempos y formas de vida propias del territorio.
El proceso, sin embargo, no ha estado exento de desafíos. Desde lo técnico, trabajar con nanomateriales y llevarlos a una aplicación real implica ajustes permanentes y mucha paciencia. Pero según la investigadora, el desafío más profundo ha sido integrar el mundo científico con el territorial: “No basta con que algo funcione en laboratorio; tiene que funcionar en una casa real, con dinámicas reales. Eso implica aprender a escuchar, adaptar y, a veces, replantear decisiones que desde lo técnico parecían obvias”, señala.
El proyecto, si bien aún se encuentra en una etapa inicial, tiene la proyección de completarse en 2027. Para la académica Patricia Oliveira, el principal aprendizaje hasta el momento es que la tecnología, por sí sola, no resuelve problemas si no está bien situada en el contexto donde se quiere aplicar. Más allá de una solución cerrada, el equipo lo concibe como un proceso abierto que puede transformar la forma en que comunidades rurales de La Araucanía gestionan sus recursos hídricos: “Lo vemos como un proceso que puede abrir nuevas formas de abordar estos temas en el territorio”, concluye.




