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El sonido del piano llenó el Aula Magna con el talento y la trayectoria de Giselle Mainet, pianista y directora del Conservatorio Laurencia Contreras de la Universidad del Bio-Bío. Bajo el nombre de “Compositoras que hicieron historia”, el concierto de la artista dio el puntapié inicial a la agenda musical del primer semestre 2026 de la Universidad Católica de Temuco.
Desde las 19:00 horas, el espacio —reconocido por su acústica y calidez— se transformó en un recorrido íntimo por siglos de creación musical femenina. No fue un concierto cualquiera. Hubo algo distinto en el ambiente: atención, curiosidad y una conexión genuina con relatos que no suelen estar en los programas tradicionales.
El repertorio, cuidadosamente construido, se dividió en dos mundos: Europa y América. Ahí aparecieron nombres como Clara Schumann y Fanny Hensel, en Alemania; Elisabeth Jacquet de la Guerre, en Francia; Dora Pejačević, en Croacia; para luego cruzar hacia Florence Price en Estados Unidos, Chiquinha Gonzaga en Brasil y cerrar con la chilena Delfina Pérez. Un mapa sonoro histórico.
“Las piezas que escogí tienen relación con la temática de la mujer”, comentó Mainet luego de la presentación, en un formato que mezcló interpretación y relato. Entre obra y obra, la pianista fue abriendo pequeñas ventanas: quiénes eran estas compositoras, qué obstáculos enfrentaron, por qué muchas veces su música quedó relegada. En varios casos, se trató de mujeres que insistieron en crear en contextos donde simplemente no era bien visto que lo hicieran.
Ahí estuvo uno de los sellos más potentes de la jornada: su carácter didáctico, cercano, casi conversado. No solo se escuchaba música; se entendía.
Para el director de la Academia de Artes Musicales de la UCT, Fernando Sandoval, ese cruce entre arte y relato fue clave. “Fue una presentación muy significativa, porque pone en valor a compositoras de distintas épocas y nacionalidades que, a pesar de las adversidades, siguieron el camino de la música. Hay historias muy potentes detrás de cada una, mujeres que en contextos complejos lograron abrirse paso y, de alguna manera, darle vuelta a su destino”, señaló.
La experiencia también estuvo marcada por lo sensorial. La iluminación, la proyección de imágenes y la calidad del sonido generaron una atmósfera envolvente. “El Aula Magna es fabulosa, tiene un buen piano y muy buena acústica; es un lugar súper agradable tanto para tocar como para proyectar imágenes”, destacó Mainet, visiblemente cómoda en el escenario.
Pero más allá de lo técnico, hubo algo emocional que se instaló en la sala. Un reconocimiento tardío, quizás, pero necesario.
“Estoy muy contenta de abrir el año de actividades artísticas y agradecida de la invitación. Es importante generar estos espacios para dar a conocer obras de compositoras que recién se están descubriendo”, agregó la pianista, quien también dejó abierta la puerta para futuros encuentros. “Me encantaría seguir viniendo a Temuco. Se nota que hay un interés real en desarrollar este tipo de actividades”.
Con un buen marco de público y una recepción cálida, el concierto inauguró la temporada y dejó una sensación clara. Que la música también puede ser una forma de reparar la historia. Y que, cuando esas historias finalmente se escuchan, algo resuena en quienes están del otro lado.





