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Actualidad 27 diciembre 2022

Ven a Salvarnos

Llegue a todos el anuncio de Belén que la Iglesia hace resonar en todos los continentes. El Hijo de la Virgen María ha nacido para todos, es el Salvador que esperábamos.

¡Ven a salvarnos! Esta es la plegaria que brota del corazón de hombres y mujeres de todos los tiempos, que sienten que no pueden superar, por sus propias fuerzas, las dificultades y peligros en el camino de la vida. Hombres y mujeres que necesitan confiarse en “Uno” más grande y más fuerte. Ese es Cristo, nacido de la Virgen Santa, en la gruta de Belén. El Niño Dios, Jesús, el Salvador, es la mano que Dios ha tendido a la humanidad, para llevarnos de las tinieblas al reino de su Hijo amado (Cf Col 1,13).

Efectivamente, esto significa “Jesús”, el nombre que, por voluntad de Dios, le dieron María y José, al Niño Dios: “Salvador” (cf Mt 1,21; Lc1,31).

Jesús, ha sido enviado por el Padre para salvarnos del mal más profundo: la separación de Dios, el orgullo que nos lleva a actuar por nosotros mismos, engañados creyendo que no lo necesitamos. El orgullo que nos lleva a enfrentarnos a Dios, ocupando su lugar, decidiendo sobre lo que nosotros consideramos es lo bueno o lo malo, pretendiendo ser dueños de la vida y de la muerte (cf Gn 3,1-7). Este es el gran pecado, del cual no podemos salvarnos por nosotros mismos, sino sólo pidiendo la ayuda de la providencia divina, solamente implorando con fe, junto a toda la Iglesia, en estos días santos de Navidad y siempre: “Señor, Ven a salvarnos”.

Esta actitud, de humildad, al elevar nuestra alma al cielo para suplicar su venida, nos hace entrar en la verdad de lo que somos verdaderamente. Dios es el Salvador, nosotros, los que estamos en peligro y necesitados de su gracia. No es Él quien necesita de nosotros, somos nosotros los que necesitamos de su amor y compañía. Reconocer esta realidad en un inicio seguro en el camino hacia la salvación.

El Padre ha escuchado nuestras oraciones y la venida de Jesús, es la prueba. Por ello sale a nuestro encuentro para compartir nuestra naturaleza humana, frágil y limitada y hacernos, así, compartir su naturaleza divina, poderosa y trascendente: “…Él ha sido puesto en la tierra, para que tú puedas estar entre las estrellas …” (San Ambrosio de Milán)

Sólo el Dios que es amor podía optar por salvarnos por este camino, que es sin duda más largo, pero es el que respeta su verdad y la nuestra: el camino de la reconciliación, el diálogo y la colaboración.

Miremos hacia Belén y contemplemos la salvación, en el Niño Dios. Abramos nuestro corazón para clamar con fe: “Ven a salvarnos”.